Adolescencia en cuarentena

Adriana Hariton. Psicólogo Clínico y analista en formación APAP.

Como familias nos ha tocado vivir una situación de cuarentena que nos ha llevado a todos, pero especialmente a niños y adolescentes, a estar confinados en nuestras casas sin poder salir. Es una situación nueva donde todos estamos aprendiendo a lidiar con esto, por lo que es un tema muy complejo. 

Pasar por la crisis de la adolescencia es algo necesario para poder avanzar en la vida, es un proceso que naturalmente tiene que ocurrir. La principal tarea del adolescente es pasar del mundo de la infancia al mundo de los adultos y para hacer esto necesita compartir experiencias y pasar tiempo con su grupo de pares. 

La adolescencia es una etapa en la que se dan muchos cambios, no sólo para el joven, sino también para los padres, como lo son la pérdida del cuerpo y la mente infantil. En ocasiones puede perturbar a los padres en su relación con los hijos adolescentes en la medida que reactiva su propia adolescencia, sus ansiedades en cuanto a la sexualidad y los duelos inherentes a esta fase de la vida.

Por otro lado, se trata de una etapa de creación en la que los padres dejan  a sus hijos crecer, superar la dependencia y es una oportunidad para crear su propia identidad. 

Como ya se comentó, estar con su grupo de pares es lo más importante. Es a través de este espacio, que los adolescentes van construyendo su propia identidad. Y, en estos momentos de cuarentena está impedido. Se puede compartir en las redes, pero en muchos casos no es lo mismo. Extrañan poder pasar muchas horas al día con sus amigos. Por lo que hay que estar preparado para sus reacciones y a algunos adolescentes les está costando, han reportado irritabilidad, ansiedad, tristeza o depresión.

Las pantallas a través de zoom, Skype, tiktok y fortnite, permiten en cierta medida esta complicidad, al tener privacidad en sus cuartos pueden encontrar su espacio. Sin embargo, en estas formas virtuales siempre va a haber algo de pérdida del contacto corporal  y de lo que se puede o no hacer,  es necesario que podamos reconocer que son experiencias dolorosas y les validemos lo que sienten.   

Algo que puede ayudar es que los adultos les reconozcan por las nuevas habilidades y la creatividad que han tenido frente a las dificultades esto los hará sentir grandes y útiles dentro de sus familias.

Un aspecto que genera mucha ansiedad en los padres, es no saber lo que hay dentro del cuarto con la puerta cerrada, no saber qué ven en las redes, no conocer esos nuevos mundos. Ellos no están solos, están en su mundo. La familia debe poder tolerar que a veces quieran compartir con los padres y a veces no.

Es importante para el adolescente poder encontrar su grupo de contención diferente a los padres, para poder diferenciarse de estos últimos e ir construyendo su identidad sin sentirse solos. Antes de esa época, los chicos pensaban que los padres sabían todo sobre ellos y sobre el mundo y ahora comienza un proceso de desidealización para reconocer que son dos personas diferentes con sus virtudes y sus defectos. De acuerdo al psicoanalista y pediatra Donald Winnicott, esto es precisamente lo que se debe lograr: se debe caer la idealización de los padres de la infancia. 

Para que se pueda dar este proceso, hay que contar con un entorno que contenga la “hostilidad” y rechazo a la vida infantil. Si no, ésta se vuelve contra el joven y pueden surgir síntomas de agresión sobre sí mismo. Los padres deben poder tolerar hacerse a un lado. Es un proceso que tienen que poder soportar y sobrevivir. Todo esto, sin renunciar a su postura de padres, que están allí para apoyarlos, escucharlos y ponerles límites cuando sea necesario.

De esta forma, es un balance delicado entre: 

  • apoyar, pero no consentir en demasía
  • tolerar, pero con límites
  • permitir, pero con estructura

La hostilidad del adolescente puede ser manifiesta o por retraimiento como:  no querer venir a la mesa o no quitarse los audífonos. En la situación de confinamiento, también los adultos podemos sentirnos irritados, asustados, enojados. Pero es importante reconocer que estamos todos en una situación difícil y tratar de hacer un esfuerzo por comprender más, que no siempre el retraimiento es un rechazo. A veces, puede ser la necesidad de la búsqueda del propio espacio de privacidad e intimidad, tratando de procesar todos los cambios que hay en el cuerpo, en la voz. 

En este sentido se le recomienda a los padres ser facilitadores de un espacio para la palabra que puede surgir cuando el joven siente que hay otro que escucha, que está atento a lo que siente, esto promueve el deseo de compartir.

Establecer límites siempre es difícil y más con los adolescentes. Por eso, es tan importante entender qué ocurre con el joven, que hay por detrás de su conducta. Si no nos damos este tiempo, a veces los padres pueden terminar reaccionando de una forma que no es favorable.

Una pregunta que hacen muchos padres es cuando buscar una consulta psicológica. Una de las señalas de alarma puede ser cuando no hay manifestaciones de desafío por parte del adolescente o al verlo muy sobreadaptado. Es preocupante aquellos adolescentes que no confrontan, que no se enojan, porque puede ser un indicador de que no está pasando lo que tiene que pasar. Otras razones para consultar pueden ser cuando el aislamiento, la tristeza o la hostilidad son muy prolongadas o aumentan en intensidad.

No hay recetas para todos, depende de cada caso. Cada familia debe poder ver qué es lo que le está pasando y qué es lo que está sintiendo su hijo. Como padres es importante no actuar con retaliación, poder mantenerse lo más constante y estable una vez que se pase el enojo, porque es normal que uno se enoje y a veces no actuar de la mejor manera.

Lo importante es que esto se pueda revertir y no quedarse enojado, poder sobrevivir estas agresiones. Esto conlleva mucha tolerancia, paciencia y entendimiento. Primero, en la madre o el padre; y, luego, en el adolescente. Para así, poco a poco, lograr una mejor sintonía y convivencia durante este momento y situaciones posteriores. 

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