Asociación Panameña de Psicoanálisis

El enigma de los celos y la envidia a través de Medea de Eurípides. Por el Dr. Serapio Marcano

El enigma de los celos y la envidia a través de Medea de Eurípides
Por: Serapio Marcano
Introducción
Me propongo explorar algunas características de uno de los sentimientos atribuidos a la mujer: los celos y sus relaciones con la envidia, a través de la tragedia Medea de Eurípides. Una de las tendencias teóricas que ha prevalecido en el psicoanálisis ha adscrito este sentimiento como característico de la mujer en tanto que sujeto de identidad biológica sexual. Otra tendencia que se ha venido desarrollando como una lectura teórica diferente, y la cual suscribo, plantea que una cosa es la identidad de género, inscrita en el orden mental y socio-cultural, y otra es la identidad de sexo basada en la anatomía de hombre o mujer. De ese modo la identidad masculina o femenina, perteneciente al género, puede hacerse presente tanto en hombres como en mujeres en una combinatoria muy diversa. Desde esta perspectiva, ser celosas es parte de la naturaleza femenina, de su amor. Una mujer, sea cual fuere el sexo anatómico, es más sensible, más dependiente de la mirada que puede dirigirle el hombre. Los celos feminizan, pues al suponer o reivindicar el TODO, o el UNO, se exhibe la falta. (Denise Lachaud, 1988). Descifrar esa diversidad es uno de los retos que nos plantea la práctica psicoanalítica de cada sujeto en particular. Como siempre, la obra de arte puede brindarnos su conocimiento, aplicándola al psicoanálisis, para tratar de esclarecer dichos enigmas. Los humanos sufrimos cuando no encontramos, o nos despojan, de aquello que consideramos nos va a proveer de un estado satisfactorio con la sensación de completud que imaginamos que alguna vez tuvimos. Y anhelamos recuperar. También imaginamos que otros nos la han quitado y queremos recuperarla despojándolos o fusionándonos con esos que creemos que la poseen. Transitar o navegar por esos mares o caminos, implica encontrarnos con los sentimientos pasionales de amor, odio, rivalidad, celos y envidia, tanto propios como ajenos, lo cual está lleno de peligros que podrían conducir a la muerte propia y ajena. En el camino puede suceder que aparezca el orden desde una autoridad que regule dichos sentimientos pasionales y las causas que desencadenan las mismas desde los individuos particulares y su medio ambiente. Dependiendo de cómo se ejerza dicha regulación la misma puede ser aceptada y las pasiones no se desbordan, se aceptan las incompletudes y se toleran las heridas al narcisismo grandioso perdido. Pero también puede adoptarse una conducta de sometimiento a dicha autoridad que ejerce una ley injusta, o se puede disparar una actitud de rebeldía y a través de argucias y mentiras se recurre a recursos que buscan apoderarse de lo perdido para recuperar la ilusión imaginaria de completud total. De no conseguirlo se puede recurrir a atacar con violencia destructiva a aquellos a quienes se supone la tienen o sentir que le han despojado de la propia. En tal estado no se escuchan las voces externas e internas de la razón y se actúa el ataque envidioso. Cuánto de esto está presente en todos los actos de los individuos particulares cuando no hay una integración ni reconocimiento suficientemente satisfactorios de aspectos valorados y
aspectos carentes y ello puede conducir a la autoenvidia destructiva de los aspectos valiosos. Cuánto de estos sentimientos y sus formas de despliegue se hacen presente, ademas de los individuos particulares, en todos los niveles sociales, en las relaciones de pareja, en las familias, en los grupos sociales, conduciendo a guerras fratricidas y a todos los “cidios”, v.gr.: homicidios, fratricidios, parricidios, feminicidios, filicidios y a todo acto destructivo y delictivo.


La obra
Para ubicarnos en la trama de los afectos que se desarrollan en esta tragedia, creo necesario exponer una breve síntesis de la obra y sus relaciones con el Mito de Medea y los Argonautas. La obra comienza con el lamento, que expresa la nodriza, del viaje que emprendió Jasón, en la nave Argo hacia la Cólquida en busca del Vellocino de Oro. Según el mito, Pelias se lo había exigido a Jasón como condición para entregarle el trono usurpado a su hermanastro Esón. Advertido por un oráculo que le sería dada muerte por un descendiente del rey eolo, padre de Esón, mandó a matar todos los eolos importantes, pero le perdona la vida a Esón, por respeto a la madre común de ambos: Tiro, y lo hace preso. Esón tiene un hijo con Polímela, y lo llama Diomedes. Ella, para salvarlo, lo hace pasar como si hubiese nacido muerto y así sacarlo de la ciudad. Lo llevan al monte Pelión donde lo cría el centauro Quirón quien le pone el nombre de Jasón. Un segundo oráculo había advertido a Pelias de cuidarse de un hombre con una sola sandalia y así durante una celebración de un sacrificio se encontró a un joven que tenía una sola sandalia, resultando ser el eolo predestinado a matarlo, de lo cual se entera al interrogarlo sobre sus orígenes. Pelias le pregunta qué haría si un conciudadano está predestinado a matarlo, según un oráculo, a lo que Jasón dice que lo enviaría a la Cólquida a buscar el Vellocino de oro. Cuando Jasón requiere la identidad a Pelias y este la revela, Jasón reclamó el trono usurpado. Es cuando se le pone como condición, para devolvérselo, que para librar a su pueblo de una maldición, debe repatriar el espíritu de Frixo, sepultado sin dignidad en la Cólquida, junto con el Vellocino del carnero de oro. El vellocino es guardado por un dragón que no dormía y colgado de un árbol en el bosque de Ares en la Cólquida. Cuando llega a la Cólquida, Hera y Atenea, con el fin de ayudar a Jasón a conseguir el Vellocino de oro, deciden hablar con Afrodita, quien prometió que su hijo Eros despertaría en Medea, hija del rey Eetes, una repentina pasión por él. Jasón solicita al rey el Vellocino, pero éste, que había ordenado impedir la entrada de todos los griegos al mar negro, les ordena retirarse so pena de cortarles la lengua y las manos. Aparece Medea en escena y ante la respuesta suave de Jasón, el rey, avergonzado, decide entregarle el Vellocino, luego de que cumpla unas condiciones casi imposibles como son las de uncir los toros con patas de bronce que echaban fuego por la boca; labrar el campo de Ares hasta formar cuatro surcos y sembrarlo con los dientes de serpientes que le diera Atenea. Ante la perplejidad de Jasón frente a tal reto, surgió en su auxilio Eros apuntando una de sus flechas a Medea clavándosela
en el corazón y quedando así locamente enamorada de Jasón y comprometiéndose a ayudarlo con la única condición de que regresara como su esposa en el Argo. Jasón juró por todos los dioses que sería eternamente fiel a Medea, quien facilitó entonces una loción que permitió a Jasón cumplir las condiciones, pero el rey Eetes no cumplió el trato. Medea llevó a Jasón al recinto de Ares donde estaba el vellocino y apropiándose de él, luego de calmar al dragón con ensalmos y dormirlo con soporíferos, huyeron en busca de la nave Argo, no sin ser heridos varios, entre ellos Jasón. Según algunos relatos, durante la persecución de Eetes y al alcanzarlos, Medea mató a si hermano Apsirto y lo cortó en pedacitos para que al tener que recoger Eetes dichos pedacitos del río, con el fin de darles sepultura posterior, se retrasase la persecución. Otra versión es que Medea engañó a Apsirto y lo llevó a tierra diciéndole que estaba raptada, lo que aprovechó Jasón para matarlo, cortarle las extremidades y así luego subir al Argo, atacar a los colquideos, ahora sin jefe y poder escapar. Jasón y Medea, según el oráculo, no podían ser transportados en el Argo hasta ser purificados por el asesinato, por lo cual acuden donde la hechicera Circe, tía de Medea, quien de mala gana los purificó. Al ser desposada Medea por Jasón se evita que ésta sea devuelta a la Cólquiida junto con el Vellocino. Al regresar a Yolco se encuentran con que Pelias había mandado matar a los padres de Jasón y a un hijo pequeño, Prómaco, pero éstos se suicidan antes de ser asesinados. Jasón quiso invadir la ciudad para matar a Pelias, pero Medea se comprometió a rendir la ciudad sin ayuda de nadie. Se disfrazó de vieja arrugada y con ayuda de sus siervos introdujo en la ciudad una figura hueca de Artemisa con el argumento de que la diosa venía a traer buena fortuna a Yolco. Así llegaron donde Pelias quien preguntó aterrorizado qué quería de él la diosa. Medea explicó que la diosa estaba a punto de reconocer su piedad rejuveneciéndole, y así podría engendrar herederos al trono. Dada la duda de Pelias ella hace desaparecer el simulacro de vejez y ante sus ojos se vuelve joven. Luego vio como cortaba a un viejo carnero y hervía sus pedazos en un caldero. Sin que se percataran sacó un cordero joven escondido dentro de la figura hueca de Artemisa, para confirmar el procedimiento de rejuvenecimiento. Pelias, engañado, fue dormido con un hechizo. Mandó entonces Medea a que las hijas de Pelias lo descuartizaran para rejuvenecerlo, como hizo con el carnero, y que hirvieran sus pedazos en el caldero. Cumplido esto envió la señal convenida con Jasón para que pudiesen entrar los argonautas a Yolco, donde no hallaron resistencia. Jasón abdicó al trono, temiendo la venganza del heredero de Pelias y aceptó el exilio dictado por el Consejo de Yolco y porque además tenía esperanzas de acceder a un trono más rico en otra parte. Luego de diez años de vivir en Corinto, Jasón solicita en matrimonio a Glauce, hija del rey Creonte, y le anuncia a Medea tanto el matrimonio como la separación de ella. “Medea, enamorada de Jasón, gozaba en complacerlo en todo sumisamente, pues la total sumisión de la esposa al esposo es el vínculo más estrecho del matrimonio- dice la nodriza.” Este tipo de enamoramiento revela, de acuerdo a sus características, una búsqueda de fusión incondicional con el objeto. El mismo remite al borramiento de las diferencias entre el sujeto y el objeto, o si se quiere entre el yo y el no yo y así reconstituir esa relación original, única, como la unidad del bebé con la madre, la cual sería total, indiscriminada. Madre- bebé son
uno, dice Melanie Klein en “Envidia y Gratitud” (ob. comp. Vol. VI). El niño, puesto en el lugar del falo, está atrapado en el goce de la madre que él hace toda. (Denise Lachaud. 1998) El que el otro exista implica también la exclusión del sujeto, en un modo imaginario. Esa sumisión que busca re-unión vincular más estrecha, es productora de goce. Goce tanto para el bebé como para la madre, ya que esa relación simbiótica, fusional, trae consigo la idealización del vínculo. La ruptura del mismo, mediante la frustración, por lo contrario, promueve la desidealización, pero también la separación de las pulsiones y de los objetos ligados a ellas. En este proceso aparece el odio, reinando, a través del sentimiento de envidia dirigido hacia aquel intruso que ahora posee lo que antes era considerado de uno. “La envidia (M. Klein, op. cit., pág. 17) es el sentimiento enojoso contra otra persona que posee o goza de algo deseable, siendo el impulso envidioso el de quitárselo o dañarlo. Implica la relación del sujeto con una sola persona y se remonta a la relación más temprana y exclusiva con la madre. Los celos-prosigue la autora- están basados sobre la envidia , pero comprenden una relación de por lo menos dos personas y conciernen principalmente al amor que el sujeto siente que le es debido y le ha sido quitado, o está en peligro de serlo por su rival. La voracidad es un deseo vehemente, impetuoso e insaciable, que excede lo que el sujeto necesita y lo que el objeto es capaz y está dispuesto a dar. En el inconsciente, la finalidad primordial de la voracidad es la de vaciar por completo el pecho, es la introyección destructiva.. La envidia busca, además de lo anterior, colocar en el pecho maldad, excrementos y partes malas de si mismo con el fin de dañarla y destruirla en su capacidad creadora. Es un aspecto destructivo de la identificación proyectiva que parte del comienzo de la vida.” Existe una estrecha conexión entre celos, envidia y voracidad. En los celos, surge en el bebé el deseo de exterminio hacia aquel o aquellos que vienen a usurpar el lugar y que eran él cuando no había sido destetado. Esos hermanos, tíos o padres, serán ahora los reyes que ocuparán el trono al lado de la madre. Medea lo expresa diciendo: “ Ellos y todo su linaje deben ser exterminados”. Como dice Lachaud (op. cit.) “el odio que eso engendra es porque el otro da al rival algo que le niega al sujeto o encuentra en el rival lo que no encuentra en el sujeto”. Esto se traduce en el miedo a que alguien le saque de su lugar, de su empleo, de su pareja, de su país, lo que está en el fondo de las xenofobias y del miedo a los extraños o extranjeros. El racismo tiene allí su origen. Pero también lo tiene la tiranía, pues los tiranos, al igual que Medea, “están acostumbrados a mandar y no obedecer, rebeldes a todo lo que les contraría”. Tanto Medea como Jasón han sido, son, y serán desterrados durante el desarrollo del mito. En el mito aparece frecuentemente la referencia a los usurpadores de aquel lugar que es legítimamente propiedad de otros, comenzando con Pelias y finalizando con Glauce, la hija de Creonte, usurpadora del lugar que ocupaba Medea. Pero entre Jasón y Medea existe una relación del doble, uno es el alter ego del otro, en la medida en que ella se hace cargo, a través de la identificación proyectiva, de los sentimientos que él no puede asumir. El primer usurpado es él. Medea fue desalojada de su lugar idealizado por su hermano Apsirto, así como ahora por Glauce y Creonte. Pero también sus hijos vienen a representar al hermano rival que, en el inconsciente del celoso, se queda con la madre ubicada en Jasón. Es por eso que luego también les dará muerte a todos.
El sentimiento de envidia, despliega todo su esplendor. La mirada malévola, destructiva, propia del “mal de ojo” se torna omnipotente, mágicamente destructiva, en la fantasía del envidioso. Pero también muchas veces en la realidad encontramos crímenes, parricidios, fratricidios y filicidios como expresión del triunfo de estos sentimientos. La maga o hechicera Medea quiere “verlos aniquilados” a Jasón y a su nueva mujer. Identifica proyectivamente su envidia en los otros al decir que “unos la envidian por su ilustración” y acusa a Creonte de mirarla con mala voluntad. Medea logra que le permitan mayor tiempo para concretar sus propósitos vengativos desplegando toda su maldad contra el objeto idealizado, pero ahora odiado en tanto que excluida de él. El mortífero veneno colocado en el vestido y la corona de oro que, bajo engaño, envía con sus hijos de regalo a Glauce, es el equivalente de los excrementos y partes malas de él mismo que el bebé envidioso expulsa dentro de la madre con el fin de dañarla y destruirla, fundamentalmente en su capacidad creadora. Muere Glauce consumida por las “llamas sobrenaturales que todo lo devoraban”. También así va a ser aniquilado Creonte. Los ataques envidiosos estaban entremezclados con la voracidad que consume el cuerpo, o el pecho de la madre, devorándolo y dejándolo vacío, mediante la introyección destructiva. El mensajero que lleva a Medea la noticia del “horrendo crimen” cometido por ella, es el portavoz del mensaje o enseñanza que nos lega Eurípides, como corolario de esta zaga mítica plasmada en la tragedia. “No es ahora la primera vez que pienso que los proyectos de los mortales son solo humo, ni vacilo en afirmar que los que se tienen por sabios y se consagran a investigar la razón de las cosas, son los que más torpezas cometen. Nadie es feliz: si llega a poseer grandes riquezas, podrá serlo más que otro, pero nunca enteramente.” El modelo de riqueza buscado por Medea (y por cualquier mortal que lo repita) es una búsqueda desde lo imaginario, en una relación fundamentalmente narcisista del sujeto para con su yo, a través de la cual el compañero devoto constituiría una garantía de la imagen perfecta, toda. Un sostén del narcisismo. Siguiendo a Lacan diremos que toda conducta, toda relación imaginaria, está esencialmente dedicada al engaño. (Laplanche y Pontalis. 1974). En la obra trágica de Eurípides, Medea, se vale permanente del engaño para desplegar sus propósitos. Cuando finalmente Medea da muerte a sus hijos, Jasón le dice que les “ha dado muerte por el odio monstruoso y por la envidia que tenía hacia su nueva esposa”. En un nivel manifiesto, el objetivo de matar a los hijos era vengarse. Más profundamente sabemos que al descargarse la furia y agresividad, menores serán tanto la humillación como el sentimiento de desvalimiento y la depresión, ante la idea de no ser digna del amor de Jasón. La maldad y la destructividad pasan a ser vistas en el otro y esto facilita la descarga de la rabia y el odio sin sentir culpa. Más adelante Jasón le sentencia que el crimen no la libra de padecer y Medea le responde: “Pero es un dolor grato, porque se nutre de mi venganza e impide que te rías”. La envidia concretada en una acción destructiva, no logra liberar al sujeto del sufrimiento, pero le sostiene un goce en el sufrimiento, el dolor grato. Este disfrute está fuera de la posibilidad de simbolización y permanece bajo el dominio del principio del placer-displacer. Si Medea y su doble Jasón hubiesen alcanzado ser vaciados de este goce en el sufrimiento, habría sido porque se instaló en ellos el registro simbólico y el predominio del eje edípico sobre el eje narcisístico. La envidia habría cedido su lugar a los celos dando testimonio de la instauración del tercero como portador de la Ley simbólica, de la falta, de la castración, cuyo agente ejecutor es el lenguaje. Su evidencia, en el mito, habría sido que el Vellocino de oro, poseedor del don de la palabra, hubiese sido colgado en el país de Yolco en lugar del templo de Zeus en Beocia. La ley está disociada entre aquella donde reina la arbitrariedad y la violencia y aquella otra donde imperan el derecho y las leyes. Jasón se adscribe al reino de la justicia de los mortales a la que invoca, junto a las Erinias, al final de esta tragedia, para que Medea sea castigada por sus crímenes. Medea se ubica fuera de la justicia de los hombres, en la que no cree y por tanto ella misma encarna la ley, su ley, cruel, vengativa.


Resumen
Apoyándome en la Tragedia que escribió Eurípides sobre el mito de Medea, cuya síntesis expongo, trato de explorar los sentimientos de celos y sus relaciones con la envidia en tanto que expresiones de lo femenino, como identidad de género, independiente del sexo biológico. El enamoramiento pasional que busca la fusión incondicional, borrar las diferencias y la unión indiscriminada, remite a la primitiva relación madre- bebé como una unidad indivisible, idealizada, narcisista, la cual, al ser rota, genera odio. Este se expresa en un pasaje desde los sentimientos de celos hasta la envidia dirigidos hacia aquel que irrumpe dentro de dicha unidad. Ese pasaje dependerá de que predomine la posición depresiva o la esquizo- paranoide, del registro simbólico o el imaginario, del eje edípico o el eje narcisístico. En el mito, nos muestra Eurípides, termina reinando la envidia con sus acciones destructivas y con el predominio de las posiciones, registros y ejes menos integrados, mas primitivos.


BIBLIOGRAFÍA

Eurípides “ Medea ” Editorial Mediterráneo. Madrid. 1965 Graves, Robert “ Los Mitos Griegos ”. Editorial Ariel, Barcelona. 1999 Klein, Melanie. “ Envidia y Gratitud ”. Ob. comp.. T: VI. PAIDOS- HORME, Buenos Aires. 1980 —————— “ Algunas Conclusiones Teóricas sobre la Vida Emocional del Lactante ”. en Desarrollos en Psicoanálisis. Ediciones HORME. Buenos Aires, 1962 Lachaud, Dense. “ Celos ”. Un estudio psicoanalítico de su diversidad. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires. 1998. Laplanche ,J.- Pontalis, J-B, “Imaginario”, en “Diccionario de Psicoanállisis”. Editorial Labor, S.A., 197

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